Hernán Luis Torres Núñez
Una noticia sorprendente y sorpresiva nos conmueve, aparte
del pase del cobro de los pasajes aéreos a SICAD II, la noticia de que algunos
rubros importados estarían pasando del cambio de Bs. 6,30 a Bs. 11 y los
repuestos a SICAD II, lo último no me sorprendió pues es algo que vaticiné en
mi artículo ¿Estamos preparados para lo que viene? (publicado en Aporrea).
Sin embargo, la noticia del aumento de la pobreza en
Venezuela de acuerdo a un informe del Instituto Nacional de Estadísticas es
algo que ningún economista, y yo lo soy, puede dejar pasar sin hacer un
análisis y encontrar alguna explicación posible.
Al revisar el informe del INE y comparar el segundo semestre
de 2012 con el mismo período de 2013, me encontré con la siguiente situación:
Los hogares pobres pasaron de 1.483.264 a 1.899.590. Pasaron
de un 21,2% del total de hogares a un 27,3%. Esto significa un aumento de un
28% en tan solo un año.
Los hogares en extrema pobreza pasaron de 422.965 a 612.051.
Pasaron de un 6% del total de hogares a un 8,8%. Esto significa un incremento
de casi 45% en solo un año.
Las personas pobres pasaron de 7.378.258 a 9.174.142.
Pasaron de un 25,4% a un 32,1% del total
de personas en Venezuela. Esto significa un incremento de 24% en solo un año.
Las personas en extrema pobreza pasaron de 2.053.928 a 2.791.292.
Pasaron de un 7,1% a un 9,8% del total
de personas en Venezuela. Esto significa un incremento de 35% en un solo año.
La noticia es alarmante, porque estamos en una revolución
socialista donde se supone que la principal preocupación es erradicar la
pobreza totalmente, de hecho, fue una meta del milenio de la revolución
bolivariana, por lo tanto, a mí me parece que esta noticia es una hecatombe sobre
la cual hay que reflexionar, más aún, cuando durante esta época de revolución
la nación ha obtenido los más grandes ingresos petroleros de toda la historia,
con un barril de petróleo a US$ 100. Más aún cuando el último baluarte de un
defensor del gobierno es – este gobierno ha sido el único que se ha ocupado de
los pobres y ha reducido la pobreza. Y ahora, este baluarte queda torpedeado.
La razón para que esto ocurra en este momento, cuando
anteriormente se sostenía que la pobreza
extrema y la pobreza en general estaban en un declive sostenido, en realidad no
es tan misteriosa. El problema está en el enfoque que se le dio a la lucha
contra la pobreza. El enfoque fue básicamente asistencialista a través de las
misiones, haciendo uso de la inmensa renta petrolera, que hoy en día ya no
parece tan gigantesca y se encuentra estancada por no seguir incrementándose el
precio del barril de petróleo, no habiendo tampoco, aumentos en la producción
petrolera y con una escasa producción de derivados del petróleo con alto valor
agregado. A esto hay que sumarle un gasto público, y en particular en el área
social que no deja de crecer.
En realidad, la lucha contra la pobreza se ha basado en el
traspaso de dinero de la renta petrolera a las clases más humildes que finalmente
ha ido a incrementar el consumo. El problema radica en que un consumo
exacerbado no ha tenido la contrapartida de una producción nacional creciente de
bienes y servicios, si esto hubiera ocurrido no tendríamos escasez de bienes
básicos, no habría inflación, habría mucho más empleo formal, el nivel de
importaciones se mantendría en niveles aceptables, mucha gente estaría saliendo
de la pobreza no debido a alguna misión que subsidie su consumo, sino a través
de la obtención de un empleo digno.
De alguna manera, y esto no es nada nuevo, en la mente de
nuestros dirigentes, empresarios y en
general del pueblo venezolano, se instaló la idea de que la riqueza petrolera
es algo que jamás se acabará que siempre fluirá en abundancia. Recuerdo que
esto era lo que pensaba el venezolano en los años setenta de la Venezuela
Saudita. Un amigo mío revolucionario me lo dijo una vez, en este gobierno nos
estamos sincerando usando la renta petrolera para los pobres, y aceptando que
no somos capaces de producir nada.
La receta de transferir la riqueza petrolera a los pobres,
algo que desde un punto de vista ético no parece reprobable y es cónsono con la
búsqueda de la mayor justicia social, desde un punto de vista económico tiene
sus bemoles. La verdad es que la única manera de ser rico de verdad y a largo
plazo, es que con la riqueza que tengamos produzcamos más riqueza, y esto está
atado a una mayor producción de bienes y servicios. Haciendo una pequeña
digresión, una vez leí un estudio que se hizo en Estados Unidos acerca de los
ganadores de la lotería, el estudio halló que el 80% al cabo de unos pocos años
había despilfarrado todo el dinero y que habían vuelto a sus trabajos
anteriores, sólo una minoría había invertido el dinero sabiamente y había
producido más riqueza. Venezuela parece ser como uno de esos ganadores de la
lotería que no ha sabido ser sabio en la utilización de tanta riqueza.
Lo que pasa en Venezuela también tiene sus antecedentes en
lo que sucedió en el gobierno de Allende, en su primer año de gobierno se
incrementó el poder adquisitivo de las masas, y el aparato productivo respondió
positivamente, la inflación ese año fue cero, en las elecciones municipales la
Unidad Popular sacó más del 50% de votación. Sin embargo, el segundo año vino
la debacle con hiperinflación, y una escasez de bienes básicos peor que la que
aquí se sufre, Chile no podía importar, no tenía petróleo. El esquema
económico, llamado el Plan Vuskovic (apellido del ministro de economía) de bola
de nieve, es decir, se incrementa el consumo ergo se aumenta la producción
falló estrepitosamente. Las expropiaciones de empresas grandes, pero también
pequeñas, se volvió caótica. Los empresarios dejaron de invertir y de producir,
se creó un amplio mercado negro, en el cual, una caja de cigarrillos costaba 10
veces más que el precio oficial, y al igual que aquí había un control de
precios que tampoco funcionó. Además,
hay que señalar que las empresas nacionalizadas al igual que en Venezuela no se
caracterizaron por su eficiencia y productividad. En Chile todo terminó con un
golpe de estado como es bien sabido y aquí en Venezuela hubo un golpe fallido.
Como se puede ver hay similitud entre una experiencia y
otra, de lo cual debiéramos sacar algún tipo de conclusión. Tanto en Chile como
en Venezuela, se intentó desarrollar un socialismo en democracia con
mantenimiento de una economía de mercado, pero en ambos casos, el gobierno no
supo negociar con la clase empresarial del país y entró en conflicto directo,
ambos gobiernos implementaron una política de expropiaciones en el agro y la
industria que no derivó en mayor producción ni productividad.
Negociar con la clase empresarial y no entrar en una
política masiva de expropiaciones, parece haber sido la receta de las últimas
experiencias de gobiernos populares democráticos en el continente como el caso
de Brasil, Ecuador, Uruguay e incluso Bolivia, que han podido mejorar las
condiciones de vida de los más pobres sin erradicar la pobreza totalmente, pero
manteniendo la inflación dominada y la estabilidad de la moneda.
Si en Venezuela se hubiera adoptado una política económica y
social más pragmática, y menos ideológica, podríamos haber tenido otros
resultados. En vez de usar casi toda la renta petrolera en programas
asistencialistas, podría haberse empleado
una parte en transferencias directas a aquellas personas en pobreza
crítica, otra parte, en inversión en infraestructura y en el aparato
productivo, lo que habría dinamizado la economía, aumentado la producción de
bienes y servicios y generado un crecimiento económico sostenido. Y también una parte debería haberse ahorrado
para mantener estable el valor del bolívar.
Desde el punto de vista económico, las iniciativas del
gobierno han sido desafortunadas, el financiamiento a las cooperativas terminó
en una dilapidación de recursos y sin repercusión en la producción nacional. El
trueque que siempre me pareció una locura, ya nadie ni se acuerda de esto. Las
estatizaciones de empresas han tenido un final muy poco feliz, empresas que en
vez de aumentar la producción la han disminuido y han entrado en conflicto con
sus trabajadores, SIDOR es un claro ejemplo, pero también las cementeras, ni
hablar de las areperas socialistas, en fin, la lista es larga. Siempre he
sostenido que el fracaso de las empresas estatales es algo predecible, a no ser
que las mismas se manejen con criterios de rentabilidad económica. El fracaso
de estas empresas es lo que llevó al colapso a las economías socialistas del
siglo XX que nunca pudieron competir en calidad, eficiencia y productividad con
las del mundo capitalista. Para mí es lógico que esto ocurra porque en la
dirección de esas empresas se colocan burócratas, muchos de ellos sin ninguna
experiencia en gerencia, ni en el sector de la economía en que se encuentra la
empresa.
La política de expropiaciones avanzada por el gobierno,
particularmente en el agro, fue
totalmente contraproducente porque condujo a que la clase empresarial se
pusiera abiertamente en contra del gobierno y buscara su derrocamiento, sin que
este conflicto significara ningún aumento en la producción y la productividad
en el agro, así como tampoco en el sector industrial.
Centrándonos
nuevamente en el tema, podemos argumentar que la lección que debemos aprender
es que no es posible combatir la pobreza solamente desde un punto de vista de
redistribución de la riqueza existente, es necesario tener la habilidad para
producir nueva riqueza. Un gobierno que estimula creación de riqueza por la vía
del incremento de la producción de bienes y servicios tanto en el sector
estatal como privado de la economía, con el cual habrá que convivir y hacer
alianzas si estamos en un modelo de socialismo democrático distinto al esquema
soviético, es un gobierno que no solo captará ingresos por la venta del
petróleo sino por la vía de los impuestos sobre la renta. De esta manera,
dichos impuestos podrían alimentar el gasto social para reducir la pobreza,
pero también una economía en expansión que genera una gran cantidad de empleos
es una forma efectiva de combate a la pobreza.
Hoy nos encontramos en una situación difícil porque la renta
petrolera ya no es suficiente y el gobierno tiene que tomar un conjunto de
medidas sacadas del recetario del Fondo Monetario Internacional, medidas
profundamente impopulares porque tienden a reducir el ingreso real de los
venezolanos (lo que efectivamente los venezolanos pueden comprar con su
dinero), lo que obviamente los empobrece. Este año, todos terminaremos más
pobres teniendo que enfrentar una inflación probable de un 70%, propulsada por
las devaluaciones de la moneda que son la tabla de salvación del gobierno para
superar el déficit fiscal en bolívares.
Aquí parece ser válido aquel dicho que señala que el camino
al infierno está empedrado de buenas intenciones. El gobierno bolivariano con
la mejor de las intenciones de erradicar la pobreza, abrió una caja de pandora –
de donde han salido todo tipo de demonios- que nos llevó al déficit fiscal por
el incremento constante del gasto social, el cual ha incrementado el consumo,
que nos ha llevado a incrementar las importaciones y quemar dólares, lo que
deja una menor cantidad de dólares para los gastos en bolívares, lo que ha
forzado a las devaluaciones sucesivas, lo que nos ha llevado a una inflación
indomable que año tras año nos vuelve más pobres, entonces el gobierno decreta
aumentos de salarios que a su vez generan más inflación y vuelve el círculo
vicioso. Además, los mecanismos de control de precios y de control de cambios
han sido inefectivos para abatir la inflación y evitar la fuga de divisas.
Aunado a todo lo anterior, se han generado las condiciones para que se inventen
nuevas formas de corrupción a la sombra del mecanismo de control de cambios, como
la sobre facturación de importaciones e importaciones ficticias. Por lo que
sabemos, se han ido 20 mil millones de dólares en supuestas importaciones de
empresas de maletín (empresas sin respaldo alguno creadas como tapadera para
conseguir dólares preferenciales) que con toda seguridad constituye un fraude y
desfalco a la nación (y digo nación porque es un robo del dinero público que
pertenece a todos los ciudadanos).
Tal como anunciara el Presidente Maduro se está estudiando y
analizando la efectividad de las misiones para proceder a su relanzamiento,
señalando que muchas de ellas se fusionarán. A todas luces parece ser un
reconocimiento del fracaso de muchas de ellas en términos de que el gasto no se
compadece con los resultados. Además, se plantea la fusión de muchas de ellas,
a mi modo de ver muchas simplemente desaparecerán, y por otra parte, los
recursos destinados a las mismas posiblemente disminuirán. Esto tiene que ver
con un ejercicio de disciplina fiscal que tendrá como consecuencia un
incremento de la pobreza. Muchas misiones, por no decir todas, han significado
un derroche y despilfarro de dinero, como aquel invertido en franelas, gorras,
chaquetas, refrigerios, vallas gigantescas, camionetas 4x4 y todo tipo de
material publicitario. Además, no podemos olvidar los dineros que se han
perdido en las garras de la corrupción.
Es una lástima que todo termine así, porque si hubiera
habido una política económica y social más sensata y pragmática desde el año
2000, sin renunciar al socialismo como ideología centrada en la justicia
social, pero que reconoce que dicho modelo en democracia tiene que convivir con
la economía de mercado y que no puede copiar elementos del capitalismo de
Estado de la experiencia fracasada de la Unión Soviética, posiblemente seríamos
un país en que la pobreza seguiría descendiendo.
Lamentablemente, ya es muy tarde, y la rectificación será
muy dura e implicará muchas penurias para los venezolanos durante mucho tiempo.
Además, esta rectificación no contará con el beneplácito de todos los chavistas
lo que abre una interrogante en el campo político.
Parece que en el campo socialista toma mucho tiempo darse
cuenta de los errores cometidos, si tomamos en consideración lo que dijo Fidel Castro
hace unos pocos años atrás, después de 60 años de revolución, en los momentos
en que comenzaba la liberación de la economía cubana admitiendo el trabajo por
cuenta propia, antes prohibido como un vicio capitalista - creíamos que sabíamos cómo se construía el socialismo, pero en realidad,
nadie lo sabía. Sin embargo, creo que si hay gente que lo ha sabido hacer: los
suizos, los suecos, los noruegos, los finlandeses, sin mucha retórica
grandilocuente han sabido darse un alto nivel de vida en democracia y libertad,
y que conste que estos países eran de los más pobres de Europa a principios del
siglo XX. Con una mezcla de Estado de bienestar y capitalismo controlado, sus
ciudadanos gozan de los estándares de vida más altos del planeta.
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