La fiesta se terminó y la
crisis llegó, ahora hay que pagar
Un enfoque psicológico de
las crisis
Hernán Luis Torres Núñez
Las crisis económicas es un tema
recurrente que se instala en las portadas de los periódicos de todo el mundo.
Estas crisis han acompañado al sistema capitalista desde sus inicios. En este
sentido, han sido profusamente documentadas crisis como la de la burbuja de los
tulipanes en el siglo XVII en Holanda, o la burbuja de los mares del Sur en el
siglo XIX, siendo las burbujas, procesos de intensa especulación respecto de un
bien tangible o intangible (inmuebles o acciones de empresas de Internet), que
sube vertiginosamente de precio hasta llegar a niveles absurdos.
Quienes participan en la euforia
especulativa comprando el bien en cuestión, están motivados por la avaricia y
la confianza en que el precio seguirá subiendo indefinidamente, y que ellos
podrán vender a un precio elevado muy superior al precio de compra, obteniendo
una ganancia exorbitante sin hacer prácticamente nada. Sin embargo, las
burbujas tienen los días contados, siempre llegará un momento en que los
vendedores no encontrarán compradores, y esto desatará un proceso de baja de
precios para colocar el activo en cuestión, la baja de precios provocará pánico
y todo el mundo saldrá a vender sus existencias, lo que hará que el precio se
desplome vertiginosamente también. Por lo tanto, muchos se arruinarán al tener
que vender a un precio muy inferior al que compraron. La situación se complica
más aún, si los compradores financiaron sus compras a través de deudas con
entidades bancarias, las que no pueden obtener el pago de los préstamos
concedidos, esto desata entonces una crisis financiera.
La situación puede empeorar si la
crisis financiera desata una crisis económica, es decir, una crisis del sistema
productivo de bienes y servicios. Los bancos en problemas por el financiamiento
de una burbuja se encuentran incapaces de ofrecer crédito a las actividades
productivas, lo que redunda en una baja de la inversión y de la producción,
dando lugar a una recesión económica.
A pesar de que hemos dicho que
las crisis económicas han acompañado al sistema capitalista desde sus
comienzos, antes, en la Edad Media también se dieron períodos de crisis
económicas, momentos de inflación galopante, escasez de productos por malas
cosechas, penurias económicas por guerras, devaluación de las monedas
(reduciendo la cantidad de oro o plata de las monedas). Por lo tanto, podríamos
decir, que las crisis económicas han acompañado al hombre desde tiempos
inmemoriales.
La economía como ciencia, y en
particular, en el tratamiento de las crisis económicas y financieras ha perdido
su conexión con los seres humanos y su carácter de ciencia social. El lenguaje
económico habla de inversión, inflación, deflación, burbuja inmobiliaria, etc.
También, muchos economistas se deleitan en crear modelos matemáticos complejos
(que de todos modos son una grosera simplificación de la realidad) de una
realidad mucho más compleja, que dejan de lado el carácter humano y social de
la economía.
Es necesario hacer un esfuerzo
intelectual para tratar de ver los fenómenos económicos como productos de
decisiones y acciones ejercidas por seres humanos, por comportamientos que no
necesariamente son racionales e incluso pueden ser reprobables en un sentido
ético, la avaricia y el egoísmo como ejemplos de lo anterior.
Las decisiones económicas de los
seres humanos que pueden crear en un momento determinado una burbuja económica,
pueden estar motivadas por la avaricia y el optimismo cuando la burbuja está en
un momento de auge. Cabe destacar que las burbujas suelen desarrollarse en
momentos en que existe una bonanza económica en la sociedad, por lo tanto, hay
un ambiente de optimismo en general acerca del futuro. En estas circunstancias,
pareciera ser que las personas se hacen ciegas y sordas a cualquier signo que
pueda arrojar dudas sobre el futuro. En este ambiente, con abundancia de
dinero, aparece algún activo que puede dar lugar a una burbuja. Nadie tiene muy
claro el mecanismo por el cual se desarrolla una burbuja, sin embargo, el
sector hipotecario parece muy propicio para la configuración de un fenómeno de
este tipo, de hecho, en Japón se dio una burbuja hipotecaria, en España también
y la última en 2008, en Estados Unidos.
Para el sector financiero siempre
es bueno prestar dinero con garantía de un bien inmueble. Las personas contagiadas
del optimismo prevaleciente en toda la sociedad tienden a pensar que su
situación particular también mejorará en el futuro, y que dada el alza de
precio de los inmuebles, siempre habrá la posibilidad de venderlo en un futuro
con una buena ganancia. En este punto también podemos señalar que los banqueros
y las autoridades económicas tienden a dar discursos optimistas acerca de la
economía, que reafirman en la gente un sentimiento de confianza y seguridad. Es
un hecho que las autoridades económicas son muy renuentes a declarar una
economía en recesión, aunque la evidencia sea clara, y cuando admiten el
problema, tratan de minimizarlo como un traspié pasajero de la economía.
En la evolución de una burbuja
existe un momento en que los precios del activo se desvinculan totalmente del
precio real, y a pesar de esta situación, la gente sigue comprando y los bancos
siguen prestando dinero; corriendo cada vez mayores riesgos de que los
prestatarios no puedan pagar en el futuro. Aquí tenemos que señalar, que podemos
observar una conducta irresponsable; tanto en los compradores como en los
banqueros. Por supuesto, en el caso de la banca, los ejecutivos están haciendo
mucho dinero con la burbuja; una conducta responsable eliminaría los beneficios
extraordinarios obtenidos. Y aquí aparece el aspecto ético detrás de las
burbujas; los ejecutivos de los bancos no se comportan de una manera honesta;
ellos saben que las consecuencias las pagarán los compradores que pusieron los
ahorros de toda una vida, en un negocio que ellos creían seguro y rentable. Por
otra parte, los banqueros saben que si las cosas salen mal; el gobierno les
lanzará un salvavidas inyectando dinero a los bancos en problemas.
Luego de la euforia en la
burbuja; se alcanza un momento en que los vendedores del activo no pueden
encontrar compradores. En este momento, los vendedores empiezan a bajar el
precio para poder encontrar compradores interesados, en este momento, una nueva
emoción invade a todos aquellos que son poseedores de un activo (acción, inmueble);
el miedo de no poder vender a un precio mayor, del que se compró el activo. Entonces cunde el pánico entre
los poseedores de los activos, todo el mundo quiere vender y por la ley de la
oferta y la demanda hace que el precio se desplome.
Tal como podemos ver; en el auge
y explosión de una burbuja se toman decisiones basadas en emociones que poco
tienen que ver con la visión clásica del homus economicus; es decir, la clásica
visión económica que considera que un individuo siempre toma decisiones
económicas, basadas en una estricta racionalidad con miras a incrementar su
nivel de satisfacción. Por supuesto, la racionalidad del individuo en su
conducta económica está condicionada a
que se disponga de una información completa, esto es lo que dice la teoría
económica clásica, lo que en la práctica no se verifica.
La gente tiende a aceptar, sin
ningún análisis crítico, lo que las autoridades económicas dicen en los momentos
de auge de la economía y tienden a confiar en los bancos. Una vez que la
burbuja se desinfla y mucha gente pierde sus ahorros, sus casas, e incluso sus
empleos; nuevas emociones afloran tales como: rabia, tristeza, desconfianza,
pérdida de autoestima, angustia y depresión.
Las consecuencias psicológicas de
las personas afectadas por el estallido de una burbuja económica pueden ser
devastadoras, llevando a muchos individuos al suicidio, y a otros, a sufrir
diferentes trastornos psicológicos.
Tal como hemos visto las
consecuencias de las burbujas económicas pueden ser devastadoras, de hecho, las
consecuencias no se reducen al mercado de bienes raíces o el mercado de
acciones, estas pueden afectar el sistema financiero de un país, generando
bancarrotas de las instituciones financieras y forzando al gobierno a usar
dinero de los contribuyentes para asegurar los depósitos de las personas y
prestar dinero a los bancos para evitar la quiebra. Generalmente, la crisis
financiera también termina impactando la economía real y conduciendo a una
recesión. Todo lo anterior es bastante grave, pero debido a la globalización,
las crisis económicas son también globales. La burbuja hipotecaria de 2008
terminó afectando todo el mundo desarrollado debido a la interconexión de los
sistemas financieros, cuando los bancos americanos vendieron a otros bancos en
todo el mundo certificados basados en hipotecas subprime de alto riesgo. Estos
bancos también vendieron estos certificados a sus clientes. Una vez que la
burbuja estalló y muchos compradores de bienes raíces en los Estados Unidos no pudieron
amortizar los préstamos, los certificados basados en hipotecas se convirtieron en
basura.
Cabe destacar también el papel de
la banca a la sombra en el desencadenamiento de la crisis de 2008. La banca a
la sombra son instituciones que no son propiamente bancos, y por lo tanto, no
están reguladas como tales, y se dedican a obtener dinero del público e
invertirlo jugando en la bolsa, ofreciendo a sus clientes tasas de interés
mucho más atractivas que las ofrecidas por los bancos. Esta banca a la sombra
compró un volumen importante de certificados basados en hipotecas subprime por
el alto beneficio que ofrecían. Mucha gente en Estados Unidos busca
oportunidades para invertir los ahorros dedicados a los gastos futuros de los
en la universidad de los hijos o para su propio retiro, y se ven seducidos por
los beneficios ofrecidos por estos seudo bancos.
Aquí es bueno destacar la
separación que se ha dado entre el sector productivo real de bienes y servicios
y el sector financiero. Durante mucho tiempo, la banca fue el punto de unión
entre los ahorristas y los productores que necesitaban financiamiento. Sin
embargo, la banca fue perdiendo esa función clásica y con los ahorros de la
gente se dedicaron a la especulación con acciones, monedas, materias primas,
bienes raíces y valores de todo tipo, buscando mayores niveles de rentabilidad
comprando barato y vendiendo caro. También se dedicaron a financiar a personas
e instituciones que no pedían prestado para desarrollar alguna actividad
productiva, sino que necesitaban el financiamiento para especular en las bolsas
de valores.
Ahora bien ahondando en el
aspecto psicológico de las crisis cuando comienza a desarrollarse una burbuja,
lo que ocurre en un ambiente de prosperidad general de la economía, el
optimismo de la gente y por qué no decirlo, la avaricia se apodera de todo el
mundo. La gente quiere obtener beneficios elevados y en un corto plazo, y ve en
un activo (inmuebles por ejemplo) que va subiendo de precio sin parar, la
oportunidad para comprar barato y vender más caro. La gente llevada por la
avaricia cae en el juego especulativo. La gente pierde la noción de la realidad
y cree que el aumento de precios seguirá indefinidamente, hasta que un día los
precios dejan de subir porque nadie está comprando, entonces, la gente tiene
miedo y de ahí pasa al pánico y se precipita a vender, y como no hay
compradores, este exceso de oferta hace bajar los precios aún más.
Finalmente, mucha gente pierde sus ahorros,
quedan endeudados, pierden sus casas y hasta sus empleos, lo que desencadena un
estado de desesperanza, frustración, sentimientos de culpa, pérdida de la
autoestima y total desconfianza hacia el gobierno y los banqueros. Como podemos
ver es una conducta irracional lo que lleva al surgimiento de una burbuja, es
una conducta gregaria, nadie quiere quedarse sin su tajada. Si el vecino compró
una casa y luego la vendió ganándole un 30% o más, por qué yo no puedo hacer lo
mismo. Aunque no tenga dinero también puedo participar de la fiesta, algún
banco me prestará el dinero, aunque me sea muy difícil pagar la amortización y
los intereses, pero siempre podré vender más caro en el futuro, pagar la
hipoteca y quedarme con una ganancia sustancial, en verdad, sería muy tonto si
no lo hiciera. Esta es la clase de razonamiento que hace la gente.
En primer lugar, está el factor
imitación, voy a imitar a mi vecino o amigo que acaba de hacer un negocio
fabuloso, aquí también puede entrar la envidia como elemento motivador, y por
supuesto, la avaricia. Lo que la gente no tiene claro, solo algunos muy perspicaces,
como Matsuhita, un empresario japonés que decía que lo importante no era saber cuándo
entrar en un negocio, sino más bien, saber cuándo salirse.
La mayoría de la gente que no
está acostumbrada al juego especulativo, no sabe cuándo se producirá el
estallido de la burbuja, inclusive muchos avezados corredores de bolsa tampoco
lo saben, e igual que los aficionados pierden hasta la camisa.
Hay algunos autores que señalan
la poca capacidad de autocontrol de las personas en la época de bonanza, la
gente suele gastar más allá de sus posibilidades por la vía del endeudamiento,
es decir, que no están dispuestas a posponer la gratificación. Cabe destacar
que en la dinámica del sistema capitalista está la necesidad de estimular el
consumo para que las empresas puedan obtener ganancias. Lo anterior, ha llevado
a que el marketing sea un elemento clave en la sociedad actual.
Aquí encontramos que las empresas
a través de sus departamentos de publicidad y agencias especializadas, diseñan
campañas no para vender un producto que satisface una necesidad, sino más bien,
para crear una necesidad que solo puede ser satisfecha con el producto que
ofrecen. Más aun, muchas veces ni siquiera ofrecen un producto sino que venden
un estilo de vida, como la de un hombre atlético nadando en un paraje
paradisiaco, y hay una hermosa mujer tendida en la arena esperándolo, entonces
aparece una marca; Dolce Gabana. Hoy en día más que productos se venden marcas,
es decir, símbolos, que pueden ser de juventud, de salud, de riqueza, de
aventuras o de poder sexual y de seducción.
En una época de prosperidad con pleno
empleo, dinero abundante, facilidades de crédito y una publicidad apabullante,
las personas pueden fácilmente perder el autocontrol, la gratificación
inmediata se hace imperiosa, y las personas consumen cosas que no necesitan y
lo peor, se endeudan excesivamente de acuerdo a sus ingresos reales. Todos
desean vivir más allá de sus posibilidades, la sociedad está en una fiesta que
parece que nunca acabará.
Sin embargo, un día alguien apaga
la música y la luz, y se comienza a cobrar a todo el mundo el costo de la fiesta.
Cuando la crisis estalla el ánimo de la gente cambia radicalmente, del
optimismo y de la euforia se pasa a la depresión, la ansiedad y la angustia.
Las personas dejan de consumir porque deben pagar sus deudas, reemplazan el
consumo dispendioso por una conducta proclive al ahorro, y esta conducta
empeora la crisis al igual que la euforia hace crecer las burbujas en la
economía. En esta etapa todo el mundo trata de cobrar las deudas y nadie presta
dinero, incluso la banca cierra el grifo de los préstamos, y las empresas
paralizan las inversiones.
Ahora bien, desde una perspectiva
psicológica - ¿es posible imaginar que la conducta de los seres humanos pueda transformarse
de tal manera que puedan auto controlarse, y sean capaces de posponer la
gratificación, que vivan de acuerdo a sus posibilidades reales, que no caigan
en el consumismo exacerbado y compren lo que realmente necesitan y se hagan
inmunes a la publicidad engañosa? ¿O bien, todo lo anterior forma parte de la
conducta humana que no puede modificarse?
Como economista que soy no tengo
la respuesta desde el punto de vista psicológico, sin embargo, la experiencia
de los países que en el siglo XX se denominaron socialistas me hace pensar que
la avaricia, el consumismo, vivir más allá de las posibilidades reales y ser
débiles frente a la publicidad pueden ser características de la conducta de
todos los seres humanos. En los países socialistas se intentó construir una
sociedad alejada del consumismo, la publicidad y de los valores egoístas del
capitalismo. Sin embargo, en todos esos países existió una red de corrupción y
la creación de un mercado negro bastante
grande, que generaba ganancias fabulosas a los burócratas que manejaban la
distribución de productos, difíciles de obtener por la vía legal. Además, la
gente de esos países soñaba con la posibilidad de adquirir productos
occidentales de mejor calidad. Cuando el muro de Berlín cayó, y los berlineses
del Este cruzaron la frontera, quedaron conmocionados con la inmensa variedad
de productos exhibidos en las vitrinas de los centros comerciales de Berlín
Occidental, quedaron impactados con la riqueza de la otra Alemania.
Es obvio que los países socialistas
después de 70 años de existencia, y de haber tratado de construir un hombre
nuevo alejado de los vicios del sistema capitalista no lo lograron, y que al
caer estos gobiernos socialistas, la gente volvió a mostrar conductas propias
del sistema capitalista, avaricia, consumismo, egoísmo y falta de autocontrol.
Si estas conductas mencionadas
arriba, son inherentes al ser humano, es muy posible que las crisis financieras,
económicas y las burbujas sean parte de una dinámica cíclica, lo que Schumpeter
llamó el proceso de creación destructiva del sistema capitalista, que cada cierto
tiempo, obliga a las economías a entrar en crisis generando un proceso de
destrucción de capital a gran escala, caracterizado por la restricción del
crédito, disminución de la inversión, quiebras de empresas, aumento del
desempleo y hundimiento del consumo; para llegar finalmente a un punto en que
la economía rebota y comienza nuevamente el auge con la creación de nuevas
empresas, reactivación del crédito y la inversión, disminución del desempleo e
incremento del consumo.